Azules con pequeñas manchas grises, verdes con manchas amarillas, marrones con manchas verdes… no hay dos personas que tengan el mismo color de ojos. Aunque todos nacemos con un color de ojos azul grisáceo oscuro, la coloración definitiva se comienza a alcanzar a partir de los 10 meses de vida.

El que tengamos un color en lugar de otro se debe a la contribución de la genética poligénica, es decir, podemos adoptar el color de ojos de padres, madres, abuelos, sin que exista una condición genética dominante.

Actualmente, el color predominante en la sociedad española es el color marrón avellana con un 55% de personas que lo tienen. El color marrón oscuro lo poseen un 28% mientras que sólo un 16% tienen el color azul grisáceo.

¿Cómo se forma el color de ojos?

El color de ojos lo determina el tipo de iris que tengamos. El iris se compone de dos partes: el epitelio pigmentario y el estroma. El epitelio pigmentario es de un tono azul muy oscuro, casi negro. El estroma, posee células muy parecidas a las que nos proporcionan color en la piel. El color de los ojos dependerá de si esta última capa posee una mayor o una menor cantidad de pigmento. Si posee mucho pigmento dará como resultado un color marrón oscuro, si posee menos pigmento resulta un color marrón avellana, casi verde y, sin embargo, si no posee apenas pigmento el color de ojos será azul. Esto último se debe a que, al no poseer pigmento, lo que será visible es el color azul del epitelio pigmentario, la capa posterior del iris.

Factores que pueden cambiar el color de ojos

Cuando somos mayores tenemos los ojos más claros que cuando somos jóvenes aunque el color varía muy levemente. Uno de los principales factores por los que el color de ojos puede variar es el tratamiento de glaucoma con prostaglandinas. Cuando el iris se atrofia por enfermedad se hace más claro. Curiosamente, la palabra glaucoma, proviene del griego (“glaukos”) y significa “verdoso”, color que adquiere la pupila de aquellos pacientes que lo padecen.

Aunque actualmente se está investigando en la posibilidad de cambiar el color de ojos de forma permanente a través del láser, no deja de tratarse de una técnica muy agresiva que atrofia el iris, eliminando los melanocitos que le dan el color.