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Cómo empezó el coronavirus – Introducción

“Un oftalmólogo pudo cambiar el rumbo de la crisis del coronavirus”

Dió la voz de alarma pero, el gobierno chino le obligó a retractarse

Este es un homenaje a la actitud heroica del Dr. Li Wenliang, el oftalmólogo reprimido por el gobierno chino por advertir del coronavirus a sus colegas, que murió a los 33 años contagiado por un paciente, causando un “duelo nacional”. Le obligaron a pedir disculpas por decir la verdad. Si sus palabras se hubieran tenido en cuenta y se hubieran puesto límites cuando lo anunció, probablemente no estaríamos ante esta situación internacional de crisis.

Cuando todavía seguía en el recuerdo la traumática epidemia del síndrome respiratorio agudo y grave (SARS, severe acute respiratory syndrome), originado en este país y que se cobró en Hong Kong casi la mitad de las 774 víctimas que hubo en 2003 en todo el mundo, hace poco más de dos meses, el oftalmólogo Li Wenliang dio la voz de alarma sobre un virus muy sospechoso.

Era el 30 de diciembre de 2019 cuando confirmó que uno de sus pacientes del hospital había resultado positivo en las pruebas del coronavirus por el síndrome respiratorio agudo severo y lo advirtió en un grupo de chat a sus compañeros de carrera: “Hubo siete casos confirmados de SARS en Huanan Seafood Market”.

Compartió el resultado de una tomografía computarizada de un paciente, y confirmó que se trataba de coronavirus, pero que no se sabía la cepa. Les recomendó usar ropa de protección para no contagiarse.

Quería hacer una advertencia a sus amigos para que estuvieran alerta y protegieran a sus familias, pero ante esta información tan alarmante, ellos lo difundieron por las redes sociales y su nombre se hizo público.

Obligado a retractarse

El 3 de enero, la Oficina de Seguridad Pública acudió a verle inmediatamente y le hicieron desmentir todo lo que había dicho, obligándole a firmar una carta en la que se disculpaba, pues le acusaban de difundir comentarios falsos “que habían perturbado el orden social”. Si lo volvía a repetir, sería procesado por violar la ley, y podría ser penado con siete años de cárcel. Para que sirviera de ejemplo, el castigo policial a Li fue incluso emitido por la Televisión Central de China (CCTV). Otros siete médicos recibieron dicha advertencia.

A principios de enero, las autoridades en Wuhan insistían públicamente en que solo se contagiaban aquellos que entraban en contacto con animales infectados.

Un error de resultados incalculables

Días después, el Tribunal Popular Supremo de China reconoció que la actuación policial con respecto al oftalmólogo había sido un error, y el 4 de febrero, escribió en las redes sociales: “Podría haber sido algo afortunado si el público hubiera creído los rumores, si hubiera comenzado a usar máscaras, a llevar a cabo medidas de desinfección y a evitar el mercado de animales salvajes”. Lo cual supuso un alivio para Li, porque estaba indignado porque había sido amonestado por decir la verdad.

A pesar de todo, él seguía ejerciendo su trabajo como oftalmólogo y el 8 de enero fue contagiado de coronavirus por uno de sus pacientes del hospital. El 12 de enero ingresó en cuidados intensivos, le pusieron en cuarentena, le examinaron varias veces en busca del coronavirus y, al final, el 1 de febrero dijo que había dado positivo. El 20 de enero, China declaró la emergencia por el brote de coronavirus.

Su muerte provocó un caos de desmentidos y de censura

El Dr. Li tuvo graves problemas respiratorios y el 6 de febrero se informó de que había muerto (incluso la Organización Mundial de la Salud mandó sus condolencias), información que fue rápidamente borrada de las redes sociales para insistir en que seguía con vida, en situación crítica, y en tratamiento. Tras una dura jornada de desmentidos y caos informativo, comunicaron su muerte oficialmente.

Su fallecimiento provocó la indignación popular y una revuelta contra el sistema de censura chino, que se difundió por las redes sociales y en la información de los medios de comunicación de todo el mundo por Internet. Sus hashtags (especialmente uno en el que se manifestaba: “Quiero libertad de expresión”) y sus publicaciones obtuvieron millones de visitas durante las primeras horas, antes de que la maquinaria del sistema comunista censurara todas las informaciones que consideraba inapropiadas.

doctor Li Wenliang

Fotografía del doctor Li Wenliang

Fuente: www.cnn.com

Homenaje de la población desde sus casas

Se convocó a la gente para homenajearle, con el lema: “Sople un silbato para Wuhan esta noche”, un emotivo acto en el que los chinos mantuvieron las luces de sus casas apagadas durante cinco minutos, y luego soplaron los silbatos sin cesar y agitaron luces por las ventanas. Fue proclamado “héroe ordinario”.

Después de su muerte, tras la oleada de ira y malestar de la población, reflejado en manifestaciones furiosas y de frustración en las redes sociales, la Comisión Nacional de Supervisión china encargó a inspectores de la comisión disciplinaria investigar por qué motivo no se le hizo caso al Dr. Li cuando dio la voz de alarma.

Si las palabras del Dr. Li no se hubieran considerado rumores

En los medios de comunicación se ha insistido pidiendo transparencia, información veraz y rápida ante esta situación tan crítica, pero el gobierno chino ha actuado reforzando el control sobre los medios de comunicación y de Internet, censurando todo tipo de información crítica y procurando retomar las riendas.

Como anécdota, cabe decir que el pasado verano, el Departamento de Propaganda del Partido Comunista advirtió a los periodistas chinos que tenían que aprobar un “examen de lealtad” para renovar sus acreditaciones y poder ejercer. Su justificación era que debían defender el honor de China.

Recientemente, Zhang Qianfan, profesor de derecho de la Universidad de Pekín, ha escrito una carta junto a varios académicos, publicada en el rotativo hongkonés South China Morning Post, en la que decía: “Si más personas permanecen en silencio por miedo, la muerte llegará más rápido. Todos deberían decir no al régimen que toma medidas enérgicas contra la libertad de expresión”.

“Si las palabras del doctor no hubieran sido tratadas como rumores, si a cada ciudadano se le permitiera practicar su derecho a expresar la verdad, no estaríamos en este lío del coronavirus, una catástrofe nacional con un impacto internacional”, añadía Tang Yiming, director de la Escuela de Clásicos Chinos de la Universidad Central en Wuhan.

“Durante 30 años, los chinos han tenido que renunciar a su libertad a cambio de la seguridad, y ahora son presos de una crisis sanitaria y están menos seguros que nunca”. Asimismo añadía: “Es hora de acabar con esto. Donde no hay libertad de expresión, no hay seguridad”.

Surgen nuevos héroes

El Dr. Li Wenliang nació en Manchú el 12 de octubre de 1986. Se licenció en  Medicina y, siendo estudiante de segundo grado, se unió al Partido Comunista. En 2014, empezó a trabajar como oftalmólogo en el Hospital Central de Wuhan.

El Dr. Li murió dejando a su mujer embarazada de su segundo hijo. Sus padres fueron contagiados y hospitalizados, pero sobrevivieron.

Pasan los días, el coronavirus se extiende por todo el mundo y la figura del Dr. Li se va difuminando, pues surgen nuevos héroes, profesionales de la salud que dan su vida por un compromiso con el ser humano y que resultan contagiados trabajando en primera línea en condiciones increíbles, sin protección y sin descanso, en medio de un gran colapso.

La actuación de este oftalmólogo y la represión del gobierno chino ante la crisis del coronavirus ha dejado patente que la libertad de expresión y la transparencia de las políticas es una necesidad para la seguridad y la estabilidad de todo el mundo.