El hecho singular de la visión se produce porque el ojo tiene la capacidad de conducir hasta la retina la imagen de los objetos. Hablamos lógicamente de un ojo con visión normal, es decir, sin dioptrías, descrito en lenguaje técnico por la expresión emétrope.

El ojo tiene también la facultad de enfocar bien y, por tanto, ver con nitidez el objeto observado independientemente de la distancia a la que se encuentre. Este extraordinario mecanismo automático y ultrarrápido de enfoque se produce a través de un procedimiento que denominamos acomodación.
Los órganos internos del ojo responsables del proceso de acomodación son: músculo ciliar, zónulas y cristalino (ver "Cómo funciona un ojo". Círculo Novovisión núm. 1). Cuando el ojo de visión normal mira a lo lejos (distancia mayor de 3 metros), el músculo ciliar está relajado y el cristalino (lente orgánica transparente con capacidad de cambiar de forma aumentando o disminuyendo su potencia en función de la distancia del objeto observado) tiene la forma adecuada necesaria para enfocar la luz en la retina.

Cuando se mira a una distancia inferior a 3 metros, el músculo ciliar se contrae permitiendo el cambio de forma del cristalino, que adquiere mayor potencia cuánto más cerca se encuentre aquello que se mira.

En los primeros años de vida, la acomodación permite enfocar a distancias que oscilan entre muchos metros y pocos centímetros. El punto más cercano al que se puede enfocar se denomina punto próximo (PP).
Esta capacidad de acomodación va disminuyendo progresivamente debido, entre otras causas, al aumento del grosor y diámetro del cristalino, que se acerca, por su mayor tamaño, al músculo ciliar impidiendo así que las zonas transmitan las fuerzas necesarias para hacerle cambiar de forma e impidiendo la visión nítida a pequeñas distancias (figuras de abajo. A la izquierda esquema de un cristalino más joven que el de la derecha. Ambos en estado de reposo, es decir, enfocado el ojo a lejos). Además, con la edad, va disminuyendo la elasticidad que necesita el cristalino para aumentar su potencia en la visión a pequeñas distancias.

La pérdida de ese poder de acomodación se traduce en un alejamiento progresivo del punto próximo o distancia más cercana a la que el ojo puede enfocar con nitidez. Cuando este punto supera la distancia de 33 centímetros (distancia habitual de lectura) es el momento en el que se observan los primeros síntomas de lo que llamamos vista cansada o presbicia. Aunque varía de unas personas a otras, este hecho comienza a aparecer a partir de los 40 años.

Al aparecer los primeros síntomas, optamos por alejar o alejarnos del objeto para obtener la nitidez necesaria. Es la típica imagen de la persona que mantiene un libro, un texto, un periódico, etc., entre las manos y aleja los brazos. Cuando la distancia para enfocar nítidamente es mayor que la longitud de los brazos, ya no es posible olvidarse de las gafas de cerca.
Cuando un ojo es miope o hipermétrope y lleva su defecto bien compensado con gafas, lentes de contacto o el defecto visual ha sido eliminado mediante cirugía refractiva, tendrá también, como un ojo sin deficiencia alguna, el problema de la presbicia.
La presbicia no es una enfermedad, es un proceso natural que padece todo el mundo a partir de los 40 años. Aun sabiendo que la presbicia no entraña mayor riesgo, es el momento para comenzar a prevenir mediante revisiones periódicas otros problemas que sí pueden ser más serios si no son tratados a tiempo.
|