¿Qué es el glaucoma?.
Es muy probable que todos, en alguna ocasión, hayamos oído hablar de una enfermedad ocular llamada Glaucoma. La palabra glaucoma viene del griego (glaucos) y hace referencia al color verde. Hoy, cuando hablamos de Glaucoma nos referimos a una enfermedad del nervio óptico que se caracteriza por una pérdida progresiva e irrecuperable de fibras nerviosas que habitualmente se acompaña de una presión intraocular elevada.
Se trata de una enfermedad muy frecuente. Se estima que puede llegar a padecerla casi el 1 % (entre un 0.4-0.7%) de los mayores de 40 años y sabemos que su prevalencia aumenta con la edad. Puede llegar a ser muy invalidante. No en vano, se encuentra entre las primeras causas de ceguera del mundo occidental, junto con la afectación de la retina por la diabetes y otra enfermedad conocida como degeneración macular retiniana asociada a la edad. La presión intraocular (PIO) es, como podemos imaginar, la presión del globo ocular: la fuerza que ejercen los líquidos o humores del interior del ojo sobre las paredes de éste. Se mide en milímetros de mercurio (mmHg) y es un dato que se recoge fácilmente con una sencilla exploración oftalmológica. Los valores de la PIO tienen poco o nada que ver con las cifras de tensión arterial sistémica y se consideran estadísticamente normales si están por debajo de 20-22 mmHg. En el glaucoma la presión suele estar elevada.
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La presión intraocular elevada ataca al nervio óptico, provocando su deterioro. |
Efectos del glaucoma
La pérdida de visión de la enfermedad glaucomatosa crónica se desarrolla normalmente a lo largo de meses o años. Como hemos dicho, esta alteración parece deberse a la elevación de la presión intraocular (PIO) hasta límites no tolerados por el nervio óptico, aunque no se descarta la posible existencia añadida de alteraciones circulatorias vasculares en el desarrollo de la enfermedad.
La disminución progresiva de fibras nerviosas del nervio óptico que conlleva esta enfermedad se asocia a cambios tanto estructurales como funcionales en el mismo. Las alteraciones estructurales son los cambios de aspecto del nervio que son visibles en una exploración de fondo de ojo: palidez, aumento de excavación central,... Los cambios funcionales son las alteraciones en la visión: pérdida de campo visual.
Es importante conocer que existen individuos con valores de PIO por encima de la normalidad que no presentan alteraciones en el nervio óptico y por tanto no presentan glaucoma. Los denominamos "hipertensos oculares" (HTO). Estos individuos deben considerarse como "sospechosos" de padecer glaucoma porque tienen riesgo de desarrollar la enfermedad, pero, desde luego, no todos llegan a padecerla. Del mismo modo, existen otros individuos con valores de PIO dentro de la normalidad que sí desarrollan enfermedad glaucomatosa. A estos pacientes se les denomina "glaucomatosos de baja tensión" (o de "tensión normal"). Todo esto nos sugiere, que existe una considerable variabilidad interindividual en el nivel de PIO necesario para
que se produzca daño en el nervio óptico.
Glaucoma crónico y glaucoma agudo
Conviene aclarar que la enfermedad ocular que llamamos glaucoma, objeto de este escrito, es el glaucoma de evolución crónica. Se diferencia así del glaucoma de presentación aguda, al que se llama comúnmente dolor de clavo. En este último proceso la PIO se eleva a límites muy altos de manera brusca y rápida (mucho más elevados de las cifras habituales de un glaucoma crónico) y el daño al nervio óptico puede ser irreversible y brutal en cuestión de horas. La crisis glaucomatosa aguda se acompaña de percepción de halos coloreados o incluso pérdida brusca de visión, dolor y enrojecimiento ocular, a diferencia de la evolución lenta y asintomática del glaucoma crónico. Además, a diferencia también de los ojos con glaucoma crónico, el glaucoma agudo se suele presentar en globos oculares que tienen alguna predisposición anatómica interna a padecer esta enfermedad, como son los ojos con cámaras anteriores estrechas de algunos pacientes hipermétropes.
Grupos de riesgo
Por tanto, sabemos que la edad (mayores de 40 años) y la PIO (mayor de 22 mm Hg) continúan siendo los factores de riesgo más importantes para padecer glaucoma. El aumento de riesgo tiene carácter exponencial para estos dos factores. También la existencia de historia familiar de glaucoma (familiares de primer grado: padres y hermanos) supone un factor de riesgo añadido. Otros factores de riesgo incluyen el ser de raza negra, el padecer diabetes, poseer miopía y posiblemente, el padecer otras enfermedades vasculares como hipertensión arterial, antecedentes de enfermedades cardiovasculares o vaso espasmos, tipo enfermedad de Raynaud (crisis de dolor y cambios de
coloración de las puntas de los dedos) o jaquecas.
La dificultad del diagnóstico
Ya hemos comentado cómo la afectación visual característica del glaucoma es el deterioro del campo visual. Podríamos definir de una manera simplista el campo visual como la visión a lo ancho. La pérdida de fibras nerviosas del nervio óptico se traduce en esa pérdida funcional irreversible de campo que se produce generalmente desde la periferia hacia el centro. Por tanto, es difícil que el paciente se dé cuenta de su enfermedad hasta estadios muy avanzados de ésta. En estas fases avanzadas ya se afectaría a la visión central, lo cual obviamente es perceptible más fácilmente. El diagnóstico de glaucoma se establece en base a esos defectos de campo visual característicos por medio de un examen de perimetría automática. Hoy en día sigue siendo la prueba diagnóstica más sensible y específica para este fin. Normalmente son personas que además, poseen como decíamos, niveles de PIO elevados y que además, pueden presentar los cambios en el aspecto de su nervio óptico que ya hemos comentado. La secuencia temporal de diagnóstico suele ser el realizar un examen de campo visual a un paciente al que se le ha descubierto un aspecto de nervio óptico sospechoso de haber perdido fibras nerviosas en un examen de fondo de ojo y/o se le ha detectado cifras de PIO por encima de los límites normales.
La prevención es el mejor tratamiento
El tratamiento del glaucoma se sigue basando actualmente en medidas para disminuir la PIO. Esperamos que en un futuro próximo podamos contar con medicaciones que de forma directa protejan al nervio óptico (neuroprotección) y que mejoren la circulación sanguínea ocular a ese nivel (vasculorregulación). Las medidas para bajar la PIO se aplican personalizando cada caso y en un orden lógico de menor a mayor riesgo relativo. En primer lugar se utilizan tratamientos hipotensores oculares, generalmente tópicos (colirios). En un segundo lugar, se pueden asociar diversas técnicas hipotensoras con tratamiento láser y finalmente se encuentran las técnicas quirúrgicas. La cirugía del glaucoma, por tanto, no tiene capacidad rehabilitadora visual, esto es, no da más visión. Esta cirugía persigue ser otra medida hipotensora, porque lamentablemente, la pérdida de fibras nerviosas y el defecto de campo visual consecuente que se haya producido es, como ya hemos dicho, irrecuperable. Todo lo expuesto pretende sensibilizarnos sobre esta enfermedad. Parece absolutamente lógico pensar que en el glaucoma es fundamental lo que llamamos un diagnóstico precoz. Detectar a tiempo la enfermedad suele suponer la preservación de la capacidad visual porque, si bien es una enfermedad que no tiene cura, sí tiene tratamiento y además, su evolución es normalmente lenta. Mientras los estudiosos del glaucoma investigan en nuevas técnicas diagnósticas cada vez más precoces y precisas, nosotros no haremos mal en visitar al oftalmólogo una vez al año si tenemos más de 40 y sobre todo, si en nuestra familia ha habido casos de glaucoma. Algo tan sencillo para un profesional como una toma de presión ocular o un examen de fondo de ojo, nos puede salvar la vista.
Javier Benítez del Castillo Sánchez
Médico Oftalmólogo de Clínica Novovisión de Puerto de Santa María
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