Uveítis anterior

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Uveítis anterior

2019-03-12T09:21:14+00:0012 de marzo de 2019|

Qué vas a encontrar en este artículo

  • Qué es la uveítis anterior
  • Síntomas que presenta
  • Qué causa la uveítis anterior
  • Pronóstico
  • Tratamiento
  • Conclusiones

¿Qué es la uveítis anterior?

La uveítis anterior, también conocida como iritis, es un tipo de inflamación interna del ojo. Pero ¿qué es la úvea, término del que procede el nombre de esta patología? La úvea es el nombre colectivo para referirse a las porciones pigmentadas del ojo interno. Incluye el iris, el cuerpo ciliar y la coroides. Dicho de un modo más sencillo, es la parte coloreada del ojo —verde, castaño, azul…— que vemos al mirarnos al espejo.

Existen también la uveítis intermedia, la posterior y la panuveítis, dependiendo de la parte anatómica a la que afecten. En este caso, nos ocuparemos de la hinchazón de la úvea que tiene lugar cerca de la zona delantera del ojo.

La uveítis anterior es la más frecuente de todas —alrededor del 60 % son de este tipo— y también es la variante más benigna de todas.

uveítis anterior

Síntomas

Sus síntomas más habituales son:

  • Enrojecimiento del ojo, sobre todo del blanco que rodea al iris, a menudo con dolor.
  • Dolor en la región del ojo, incluso las cejas.
  • Fotofobia: molestia causada por la luz intensa.
  • Si la inflamación es severa, puede ocasionar una leve pérdida de la agudeza visual en el ojo afectado.
  • Pupila de tamaño más reducido que en el ojo sano.

Teniendo en cuenta que algunos síntomas son coincidentes con otras enfermedades oculares, es importante acudir al especialista lo antes posible para obtener un diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado.

¿Qué causa la uveítis anterior?

Las causas de la uveítis anterior son muy variadas. Por un lado, puede tratarse de una dolencia limitada al globo ocular, no asociada a ninguna otra enfermedad. Por otro, puede ser una manifestación secundaria de alguna enfermedad generalizada ya conocida, o incluso el síntoma de una patología que se desarrollará posteriormente. En todo caso, y sin ánimo de ser exhaustivos, podemos resumirlas, según sus causas, en:

  • Idiopáticas (de origen desconocido): son las más frecuentes. Aproximadamente, la mitad de las uveítis anteriores no presentan otra enfermedad asociada. Por lo general, un primer episodio de uveítis no necesitará análisis posteriores más allá del examen oftalmológico.
  • Oftalmológicas: son consecuencia de síndromes limitados al ojo, como crisis glaucomatociclíticas, pars planitis, ciclitis heterocrómica de Fuchs, traumatismo ocular, uveítis posquirúrgica, uveítis anterior HLA B27 sin artropatía, entre otros. En general, para su diagnóstico es suficiente el examen oftalmológico, sin estudios ulteriores.
  • Secundaria a enfermedades infecciosas: una causa frecuente de uveítis es la producida por infecciones por hongos, bacterias, virus o parásitos, es decir, como consecuencia de padecer la enfermedad de Lyme, herpes simple, herpes zóster o lúes, entre otros.
  • Secundaria a enfermedades sistémicas (generalizadas) y autoinmunes: entre ellas se incluyen patologías reumáticas, como la artritis idiopática juvenil, la espondiloartropatía, la psoriasis o la espondilitis anquilosante. Otros casos pueden ser consecuencia de otras enfermedades autoinmunes como la sarcoidosis, el síndrome de Sjögren o la enfermedad inflamatoria intestinal (EII), entre otras.

Pronóstico

Por lo general, el pronóstico de los episodios de uveítis anterior aguda es bueno. Con un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado, puede producirse una recuperación del paciente sin secuelas en un tiempo que varía entre los pocos días y menos de tres meses.

No obstante, ciertas uveítis anteriores —sobre todo las asociadas a enfermedades reumáticas— son recurrentes. Cuando se requiere un tratamiento superior a los tres meses, se habla de uveítis anterior crónica. Es el caso, por ejemplo, de la asociada a la artritis idiopática juvenil, algo más grave y que hace necesario un tratamiento prolongado —incluso intervención quirúrgica—, si bien las nuevas terapias han mejorado notablemente el pronóstico.

Inicialmente, es el médico oftalmólogo quien se encarga de diagnosticar y valorar la uveítis, y en gran parte de los casos será este especialista quien concrete el tratamiento y seguimiento posterior. Sin embargo, las características de ciertos casos de inflamación ocular —sobre todo las que derivan de enfermedades sistémicas— hacen aconsejable un trabajo conjunto entre oftalmólogos y reumatólogos para un diagnóstico y terapia más eficaces.

Tratamiento

El tratamiento específico habitual consiste en la aplicación directa en el ojo de colirio de corticoides, con el objeto de reducir la inflamación y aliviar el dolor. A menudo, esto se acompaña de la aplicación de otro colirio para agrandar la pupila, con la intención de impedir que cicatrice o se adhiera a la lente del ojo, lo cual podría dejar alguna secuela indeseada. También por eso es importante que el diagnóstico sea lo más precoz posible. A veces, el colirio es insuficiente y se recurre al tratamiento con pastillas. Muy rara vez será necesaria la inyección de esteroides alrededor del ojo.

El correcto cumplimiento del tratamiento es importante, tanto si este se realiza con colirios como si es por vía oral. Al principio del episodio, y durante las primeras semanas, la aplicación de las gotas (o la toma de pastillas) ha de realizarse con frecuencia (después, la dosis va reduciéndose paulatinamente), y a veces la dilatación de la pupila limita algo la actividad diaria, pero es importante ser riguroso con los tiempos marcados por el especialista para controlar la inflamación y evitar complicaciones posteriores. También es necesario mantener las visitas de seguimiento.

En los casos en los que la presión ocular aumenta, pueden aplicarse, además, colirios hipotensores que la reduzcan. Un caso específico es el de la uveítis anterior asociada al herpes, que requiere, además de las gotas corticoides, la administración de antivirales.

Durante el tiempo que dure el brote de uveítis no es posible usar lentillas, solamente gafas. Cuando remita del todo, se podrán volver a utilizar las lentillas con normalidad.

Conclusiones

Por último, se recuerda la conveniencia de consultar al oftalmólogo de forma temprana. Ante cualquiera de los síntomas descritos, no dude en acudir al especialista. La falta de un tratamiento adecuado o su demora excesiva tiene, a veces, consecuencias a largo plazo, como inflamación crónica, glaucoma, cataratas y, en casos muy extremos, pérdida completa de la visión.

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